Octubre 2017

CASTILLO DE SINTRA


Durante la invasión árabe de la península ibérica en el siglo VIII, la región de Sintra fue ocupada recibiendo su población el nombre de as-Shantara. Los estudiosos están de acuerdo al afirmar que fueron ellos los responsables de la primera fortificación, entre el siglo VIII y siglo IX, cuya finalidad era la de controlar estratégicamente las vías terrestres que unían Sintra con Mafra, Cascais y Lisboa.

Formando parte del reino taifa de Integrante Badajoz, durante el siglo XII, por la amenaza que representaban las tropas de Yusuf ibn Tasufin, que habían pasado a la península para conquistar y reunificar los dominios de los Almorávides, el gobernante de Badajoz, Mutawaquil, entrego Sintra, juntamente con Santarém y Lisboa, en la primavera de 1093, al rey Alfonso VI de León y Castilla, creando una alianza defensiva, que no se pudo mantener. Envuelto en la defensa de sus propios territorios, el gobernante cristiano no fue capaz de ayudar al gobernante moro, cuyos territorios sucumbieron al año siguiente, pasando Lisboa, Santarém y Sintra al dominio de los Almorávides.

El destino de Sintra se mantuvo unido al de Lisboa, que sería conquistada por las tropas de Alfonso VI, para volver a manos de los musulmanes en 1095, hasta caer definitivamente bajo las tropas de D. Afonso Henriques (1112-1185) en 1147. Para su repoblación y defensa, el soberano otorgó un fuero a Sintra en 1154, cuando tuviera terminado las reparaciones en las defensas de la ciudad, dotándola a la vez de una iglesia. (Iglesia de São Pedro de Canaferrim).

Su hijo y sucesor, D. Sancho I (1185-1211) también dispensó cuidados al Castillo de Sintra, remodelándolo y reforzando sus defensas. También se procedió a reformas, siglos más tarde, con D. Fernando I (1367-1383), cuando el castillo fue asediado por las tropas castellanas. Durante la época de la crisis de 1383 y 1385, el alcalde de la zona era Henrique Manuel de Villena, que tomó partido por Doña Beatriz, entregando este castillo fuerte y muy alto y fragoso que le fue confiado tras la victoria de Juan I de Portugal en la Batalla de Aljubarrota (Fernão Lopes. Crónica de D. João I).

Posteriormente, diversos soberanos portugueses eligieron Sintra como su residencia, pernoctando en el Palacio real (Paço Regio), construido para ese fin y sucesivamente ampliado y mejorado a lo largo de los siglos (Palacio Nacional de Sintra), habiéndose desenvuelto la población en torno a este nuevo núcleo. El castillo se mantuvo, por esa razón en segundo plano, entrando en decadencia, principalmente después del siglo XV, con la expulsión de los judíos del país, que en aquella época eran los únicos que lo habitaban. En el siglo XVI se encontraba deshabitado. La caída de un rayo causó daños en la Torre del Homenaje en 1636, daños que fueron aumentados por el Terremoto de Lisboa de 1755.

El Castelo dos Mouros y su cisterna fueron declarados Monumento nacional por un Decreto de 23 de junio de 1910. La intervención del poder público portugués en el monumento comenzó en 1939, con la reconstrucción de partes de la muralla. Tras una serie de intervenciones menores en los años 1954 y 1965, en 1986 tuvieron lugar trabajos de limpieza y reconstrucción de los muros y almenas en varias zonas del castillo, repitiéndose los trabajos de limpieza y acondicionamiento de la muralla en 1992.

El conjunto de Sintra fue clasificado como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 1995.


Castelo dos Mouros


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