El absolutismo real

Dios estableció a los reyes como sus ministros y reina a través de ellos sobre los pueblos. [...] Los príncipes actúan como ministros de Dios y sus lugartenientes en la tierra. Por medio de ellos Dios ejercita su imperio. Por ello el trono real no es el trono de un hombre sino el de Dios mismo. Se desprende de todo ello que la persona del rey es sagrada y que atentar contra ella es un sacrilegio.

J. B. BOSSUET, La política según las Sagradas Escrituras, libro 111, 1670




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